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Escena de un dulce otoño

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Las hojas van deslizándose lentamente hacia el suelo, se diría que no tienen prisa por consumir sus últimos instantes; planean dejándose llevar y dan mil vueltas hasta aterrizar con tambaleantes pasitos. Ni siquiera la bailarina más ágil y delicada podría haber llevado a cabo el número con tanta elegancia y despreocupación. Parece que bailan solas siguiendo el ritmo de miles y miles de respiraciones al unísono, susurrando nuestros más íntimos placeres, nuestros más delicados deseos, nuestros más ocultos pensamientos que no son sino la voz del interior del mundo. Y son las hojas quienes nos mantienen unidos en este tímido noviembre: con su crepitar bajo un romántico paseo a la sombra de un camino de árboles, con su suavidad al ser lanzadas por los niños correteantes de mejillas sonrojadas de excitación infantil, con su discreción ante las apresuradas confidencias en una tarde de frío, con su sinfonía de colores: rojos, verdes y amarillos de todas las intensidades que adornan las estam...

Sparkle

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" - ¿Vas a salir con un hombre que no conoces? - No puedes ser peor que los hombres que conozco. " (Y así empezó todo.) La vida de esa Cenicienta que se transformó antes de salir del baile, que tuvo que volver a pie perseguida por callejones con la única compañía de las ratas y los charcos llenos de suciedad. Un bonito giro inesperado, un giro tan rápido como brusco que la dejó mareada y con ganas de vomitar. Hubiera dado sus zapatitos de cristal por parar, por poder abandonar durante unos instantes, por poder escapar de todo y todos, tan sólo dejar de girar... Caballeros tan oscuros como silenciosos, de los de manos enguantadas y pañuelos de seda para esconder sus crímenes y capas de terciopelo. Y en lo alto del escenario lo único que la sostiene es ese maldito foco cegador que la impide bajarse, que la impide deshacerse de los zapatitos que no han traído más que problemas a su vida y m ucha, mucha purpurina. Ella sigue girando, de un lado a otro: a veces muy ráp...

El peso del agua

"Es la tela de su camisa. Un olor ajeno, leve pero inconfundible." Y la vida tejida con mimo durante años cae como una red que no soporta el peso de la verdad. Toda esperanza de futuro cae rendida ante una certeza mayor, que todo lo devora, que todo lo consume. El peor momento llega en el instante en el que descubre que pese a todo, su realidad es otra, y la perdida da paso a una resignacion que sera su compañia hasta el final.

21 gramos

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Pathetic (benign) Accept it (undermined) Un pellizco castiga su piel pero no siente dolor, al menos no fisico... y las nauseas amenazan con hacerla vomitar... otra vez, pero no hay nada que hacer, porque no quiere hacer nada. Vuelve a mirar solo para darse cuenta de que nada ha cambiado. No toleration Invade (kill me) Y es entonces cuando se deja llevar, cuando las sacudidas de su exorcismo le recuerdan un frenesi olvidado hace tiempo. No deja de mirar ni un momento mientras los rescoldos de su climax  prenden fuego a su garganta. Cada vez dura menos. Cada vez esta mas agotada. Obsession, take another look. Se siente mejor. Vuelve a coger las tijeras, las pinturas... es hora de subir el volumen. Miles de imagenes vuelan ante sus ojos: imagenes de tiempos mejores, de lo que pudo haber sido... la fiebre la invade y cree poder controlarla. Un fuego de sobra conocido calienta sus miembros entumecidos. Vuelve a mirar. (I know)The only thing I ever reall...

Mascarada de seduccion

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Y en ese preciso instante sabes que va a intentar seducirte… y que lo va a conseguir. Que va a deslizar sus liquidas manos sobre la superficie de tu cuerpo sin encontrar resistencia, que lamerás el sudor de su espalda como ambrosía de desesperado, que la heroína de sus labios te atraerá hacia ella sin que puedas hacer nada… que, una vez más, caerás en su tibia red de araña y el satén de sus sábanas serán tu prisión de loco. La pasión de sus ojos que se acercan lentamente te deja paralizado y eres plenamente consciente del cosquilleo de anticipación que te recorre, del sudor frío que resbala por tu frente, de la indecisión de tus manos que escapan a todo control, del deseo de morder cualquier cosa y de la sequedad de tu boca que, antes pródiga en halagos, súbitamente se ha convertido en un pozo de ahogados gemidos y sonoros gruñidos. Ella se ríe paladeando el momento como quien se sabe poderoso, lleva el perfume que le regalaste, pero sólo tú eres capaz de olerlo desde tan lej...