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Llueve... y como siempre no a gusto de todos

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Llueve como limpieza, llueve por necesidad. La tormenta que lleva conteniéndose durante semanas explota por fin. La duda, el miedo, el temblor. Llueve frío, salpica en todas las direcciones, con fuerza, como si fuera para siempre, llueve para sanar heridas. Muchos salimos a mojarnos casi de forma espiritual: el cielo en llamas envuelto se rompe con delicadeza. El crujir del devastador incendio a lo lejos -tan cerca- con su insomnio salvaje. El insomnio de los que aúllan cada noche en sus balcones, alzando minuciosamente símbolos, con paciencia y confusión y tantos sentimientos mezclados. Y seguirá lloviendo para todos, tendrá algo de renacer en cada rincón.

Verano 2017

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Hacer una maleta y evaporarse. Hacer una maleta y desaparecer, diluirse, preguntar a las calles por la dirección que acariciamos con la punta de los dedos. ¿Hacer una maleta por cuánto tiempo? Si el tiempo se difumina entre camas de hotel, el tránsito de tren se mueve a ráfagas, como los veloces fotogramas de una verbena con amigos. Tiempo de disolución, tiempo de ideas vagas, ideas ultraligeras que huyen como lagartijas. Es imposible escribir todo lo que vemos. Y aquello que tocamos permanece con la belleza de las cosas intocables.

Nanomoralia

Días en los que todo corre, todo huye, la gente camina, salta, se sube a trenes, se zambulle en el agua, deambula, mordisquea, pasa página, descansa. Afortunados aquellos con vacaciones, que cierran los ojos durante una semana, que deshacen los planes como las maletas y tejen mapas y planos de pueblos extraños y casi secretos. Afortunados también los que huyen de las no-vacaciones, se inventan un hotel junto a puerto, una casa en un árbol, un pequeño restaurante en lo más alto de la montaña, y desde allí contemplan la ciudad balanceada por los que pasean. Días rápidos, revoltosos, que parpadean luz y sueño sucesivamente. Vicente Luis Mora

Septiembre

"Porque es en las relaciones, y no en los lugares, donde descansamos." Alicia Kopf Vivir en tránsito, moverse más rápido que el futuro. En las otras personas somos. Nos revolcamos, expandimos nuestros límites, dejamos la pose, nos encontramos cómodos. Cuando encontramos uno de esos lugares-humanos nos dejamos ir. En otras personas somos, y nos aliviamos del mal.

Principios de año

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Los comienzos de año siempre tienen ese regusto a incertidumbre de página en blanco. Y no, no me refiero a esas extensas e imposibles de cumplir listas de (des)propósitos. Es más bien algo con sabor a óxido, como cuando te haces una herida en el labio y se extiende la sensación por la boca. En estos días de preámbulo nos subimos a un tren, a un avión, a un autobús, miramos desde la ventanilla dibujando círculos, espirales imperfectas, infinitas; meciéndonos con la música, persiguiendo el traqueteo de cualquier transporte; miramos el paisaje disimulando la emoción, jugando a ser protagonistas de algo, de qué, los músculos se agitan solos, nos despedimos, miramos al futuro, incierto y blanquísimo como esa página en blanco, como la sábana recién lavada.

Viernes de silencio

A veces, solo eso. A veces intentar mandar un mensaje al vacío, tener tanto dentro que explota. Pero no decir, coser los bordes, cerrar las puertas, dar vueltas concéntricas. Es curioso ver cómo toda tu vida puede cambiar en un minuto. ¿Cómo es posible que las cosas den un giro tan violento? A veces las palabras están en plena efervescencia, acampando en la boca, en el estómago, en las manos. Y las sentimos revolverse y brincar. Y nos hacen cosquillas o nos empujan la piel. Pero no salen. No hay sonido, no hay tinta, no existen. Y hacemos el silencio, porque algo está bullendo dentro, pero no podemos adelantar nada.

Diciembre

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Diciembre trae ese olor suave a chimenea: se siente el bosque a lo lejos, el perfume de la madera crujiendo, el de las lucecitas que vibran, el de la sopa y el vaho de la noche; el olor de árbol trepando hacia el cielo, el olor de la huida, del desaparecer, del guiñar, del adelanto. A lo lejos la prisa, la bufanda, el calendario. Diciembre es un mes liebre, corre sin parar en busca de sí mismo, se revuelve inquieto y dirige la mirada hacia un año nuevo. Hacemos planes, los deshacemos, nos vamos de viaje, nos hacemos un ovillo. Diciembre arranca con ganas de hacer alguna escapada. Y la hacemos. Aunque sea por un momento, desaparecemos. Y los que no viajan tienen una ciudad llena de posibilidades.

Finales de octubre

Correr. Correr. Correr. Volar. Hay días en los que hasta la velocidad de los objetos parece que cambia. La tostadora se acelera, el termómetro se sorprende, las toallas descienden tan veloces por el cuerpo. Los zapatos, el móvil, libros intrépidos, un bolso, las llaves. Correr, correr y no olvidar nada. Descender al oscuro pasadizo del metro, resbalar por barandillas imaginarias, dejarnos engullir por escaleras mecánicas. Mirarse al espejo y rebotar en sonrojo. En la prisa del debate, del desenvolverse; en lo efímero de la actualidad: noticias que son hormigas intrépidas huyendo en todas direcciones.  Pero en algún punto de la tarde/noche nos detenemos. Destensamos los músculos. Nos encerramos en la agradable oscuridad del cine. Nos sentamos y respiramos hondo. Como llevándonos adentro todo lo ocurrido. Deseos, premoniciones y minutos que arañan.  Ahora que empieza el frío buscamos refugio en sitios deliciosos.

Bienvenido otoño

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Es tan placentero abrazar la tacita de té caliente cada tarde. Dan ganas de concentrarse, de explorar, de llevar a cabo mil y una ideas. De alguna forma hay que evadir la mente, coger otras armas, narrar nuestra visión de lo que nos rodea. Menos mal que a veces la ineficacia se retrata a sí misma. Recorremos el Parque del Retiro mezclándonos con las ramas, la hierba y el cielo aterciopelado. Nos sumergimos entre los árboles con un buen libro en mano. Aquí empieza el camino.

Verano de 2015

El verano se hace palpable en esa esponjosa cuenta atrás de junio. Es extraño: cada año esa alegría un poco triste, alegría caliente y el olor a barbacoa, a crema para el sol, a plástico hinchable, a sal en las raíces. De nuevo los mosquitos. De nuevo una mejilla más roja que la otra. Chapotear haciendo planes. Hacer listas nos ayuda a recordarnos un poco de niños. Debería haber un diccionario exclusivo para la palabra "verano". Allí cada uno dejaría apuntado su significado, su huella, su trozo de sueño tibio. El verano es el resto de césped que pica por todo el cuerpo. Una noche larguísima con amigos en la azotea, derramando bebidas, mordisqueando patatas. Palabras que tintinean al ritmo de la música. Verano: canciones malas pero bailables. Sudor en las páginas del diario. Un listado infinito de planes. Luz que se cuela aventurera por un orificio y nos muestra que hay algo más allá. Mucho más.

Finales de noviembre 2014

Como las estaciones hace tiempo que se extinguieron y resulta que, casi sin darnos cuenta, estamos ya en Navidad, no está de más sorprenderse por la aparición de todas esas lucecitas, que comienzan hoy mismo a guiñar al unísono. El problema llega al sacudirse un poco la magia del abrigo, pensando en el dineral que se gasta en luz y blábláblá, por eso a veces no sé si es mejor seguir el sendero de los Reyes Magos con una venda en los ojos y permitiendo que nos guíen a otro país de purpurina, o toquetear la realidad, gruñir suavemente y poner cara de indignado con el paisaje de la ciudad. Algunos se preocupan al detalle de la decoración de sus chimeneas, por lo que pueda caer por ellas. Ya sean regalos o no, las caídas siempre hacen su ruido. Un ruido que se contagia como una energía nueva, como un aplauso que comienza a expandirse en una sala. Un ruido indefinido, equidistante, que no duerme. Apaguemos la luz, alcemos la voz.

Mediados de septiembre 2014

Muchos dicen que ya huele a otoño en el ambiente, a castañas asadas y colores cálidos. Otros aún vamos en sandalias, saltando de un rayito de sol a otro. La parsimoniosa caída de las hojas secas embelesa a más de uno, de tan atemporal y despreocupada. Pero… un momento. Lo de este año es todo un misterio. Árboles que se desploman sin explicación, como lágrimas paranormales. ¿Calor, sequía, falta de cuidados? El suelo respira a través de las alcantarillas. Podemos hacer un par de llamadas a Iker Jiménez, pero lo cierto es que los árboles también necesitan cariño. A veces las parejas los arañan con sus iniciales, a veces trepamos a ellos en una imposible escapada hacia el cielo. A veces son talados sin compasión. Forman parte de nuestro día a día, aunque no reparemos siempre en ellos. Así que pensemos en cuidarlos como parte de nuestros pulmones.

Semana Santa de 2011

¡Por fin una semana de asueto! Ha llegado tan de repente que, realmente, no se que voy a hacer estos dias. Porque depende como lo mires, siete dias puede ser mucho tiempo o casi nada. Es mucho tiempo para vivir un romance loco y fugaz, para disfrutar del sol y la playa sin saturarse, para grabar un videoclip descabellado, para relajarse de las tensiones del dia a dia, para escribir un cuento... Es mas bien poco tiempo para conocer bien a otra persona, para llegar al corazon de una ciudad, para ensayar una obra de teatro, para desconectar realmente del dia a dia, para escribir una novela.. A veces, casi es mejor quedarse en el sitio y explorarlo: buscar sitios que no conoces, hablar con gente a menudo invisible, visitar exposiciones pendientes o, simplemente, salir de cañas entre semana.

Principios de febrero 2011

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Cuando estas tan enfermo que no te puedes ni mover, griposo, bronquitico, faringitico o acatarrado, convertido en un guiñapo horrible que lo ve todo negro, maldices con saña el frio invierno. Cuando sudas hasta secarte las carnes y te das crema sobre tu abrasada piel, maldices entonces el condenadamente inclemente verano y su sol implacabe y cruel. ¿Puedes hacer algo por evitarlo? Poco, excepto intentar poner la mejor cara a tanta desgracia fisiologica. Una cosa es segura: tras el invierno llega la primavera como el otoño tras el invierno. ¿Que odiaras entonces?  ¿La alergia primaveral o la melancolia del otoño?