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Mi 23 de abril particular

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Marea

Pero se asustó, ¡cómo te retumba el pecho! Tranqui, sólo es mi maltrecho corazón que se encabrita cuando oye tu voz el muy cabrón. ¿Qué coño le pasará que ya no sale a volar? Tal vez le mojó las plumas el relente de la Luna... Le volvió loca el sonido de las gotas de rocío cuando empieza a clarear y aún no se ha dormido... Y me enamoró aunque era una hada alada y yo seguía siendo nada,  no importó; éramos parte del mismo colchón hasta que juró: "nos querremos más que nadie pa' que no corra ni el aire entre tú y yo". Sentí que me iba faltando el calor...

Cyrano

Roxana, adiós, voy a morir... Por ti, mi encanto, rebosa el corazón amor inmenso; y muero, y mis miradas codiciosas,  festín supremo de mis ojos ebrios con tu beldad... ya nunca al vuelo besarán tu menor gesto. Todos hoy los refleja, enardecido,  en trance tan cruel, mi pensamiento; y uno entre los demás: el que te es propio al acercar los primorosos dedos a la frente... Y ansío gritar, y grito: ¡Adiós!...  Mi dueño... mi dicha... mi tesoro... De mis recuerdos ni un punto se alejó tu bella imagen, porque soy, y seré después de muerto, quien te ama, quien por ti...

Zorrilla

Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!, que no podré resistir mucho tiempo, sin morir,  tan nunca sentido afán. ¡Ah! Callad, por compasión, que oyéndoos, me parece que mi cerebro enloquece y se arde mi corazón. ¡Ah! me habéis dado a beber un filtro infernal sin duda que a rendiros os ayuda la virtud de la mujer. Tal vez poseéis, don Juan,  un misterioso amuleto, que a vos me atrae en secreto como irresistible imán. Tal vez Satán puso en vos su vista fascinadora, su palabra seductora, y el amor que negó a Dios. ¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!, sino caer en vuestros brazos, si el corazón en pedazos me vais robando de aquí? No, don Juan, en poder mío resistirte no está ya: yo voy a ti, como va sorbido al mar ese río. Tu presencia me enajena, tus palabras me alucinan, y tus ojos me fascinan, y tu aliento me envenena. ¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro de tu hidalga compasión: o arráncame el corazón, o ámame, porque...

Bécquer

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Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazadas se aproximan, y , al besarse,  forman una sola llama; dos notas que del laúd,  a un tiempo la mano arranca,  y en el espacio se encuentran y armoniosas se abrazan; dos olas que vienen juntas a morir sobre una playa y que, al romper, se coronan con un penacho de plata; dos jirones de vapor que del lago se levantan y, al juntarse allá en el cielo,  forman una nube blanca; dos ideas que al par brotan; dos besos que a un tiempo estallan; dos ecos que se confunden; eso son nuestras dos almas .