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La balada del café triste

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo,  sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. [...] Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. [...] El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo ...

Reflejos en un ojo dorado

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Sus recuerdos de aquellas horas eran enteramente sensuales: la espesa alfombra bajo sus pies, la seda cayendo en pliegues, el débil aroma del perfume. Recordaba también el suave calor de aquella piel de mujer, la oscuridad silenciosa... y aquella dulzura extraña dentro de su propio corazón, y la fuerza tensa de su propio cuerpo cuando se inclinaba a la vera de la cama, tan cerca de ella.

El aliento del cielo

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El Amor. Con mayúscula y con, también, decisivos matices. El Amor a los hombres y a las mujeres. El Amor al arte. El Amor al Amor al arte. El Amor de corazones rotos o de corazones a punto de romperse o el Amor que hace irrompibles a esos corazones o que es lo único que puede repararlos. El Amor, finalmente, como la más inexacta e implacable de las ciencias. Buscar y encontrar el credo y la fe de esa ciencia -las fórmulas que la resuelven, las fracciones que la complican- .

Zorrilla

Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!, que no podré resistir mucho tiempo, sin morir,  tan nunca sentido afán. ¡Ah! Callad, por compasión, que oyéndoos, me parece que mi cerebro enloquece y se arde mi corazón. ¡Ah! me habéis dado a beber un filtro infernal sin duda que a rendiros os ayuda la virtud de la mujer. Tal vez poseéis, don Juan,  un misterioso amuleto, que a vos me atrae en secreto como irresistible imán. Tal vez Satán puso en vos su vista fascinadora, su palabra seductora, y el amor que negó a Dios. ¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!, sino caer en vuestros brazos, si el corazón en pedazos me vais robando de aquí? No, don Juan, en poder mío resistirte no está ya: yo voy a ti, como va sorbido al mar ese río. Tu presencia me enajena, tus palabras me alucinan, y tus ojos me fascinan, y tu aliento me envenena. ¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro de tu hidalga compasión: o arráncame el corazón, o ámame, porque...

Aprender a desconectar

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Nyrkkis

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Quiero aprender a bailar bailes de salón; pero no sexys ritmos latinos, quiero aprender tango y pasodoble.  Sólo eso. Como antaño, lento e intenso, tomándome mi tiempo como con un buen café, como con un buen beso.

Buongiorno Principessa

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